A continuación te ponemos una de las listas mas desagradables si de turismo se habla, una de las cosas que como turista no quisieras tener cerca, esfuérzate por dejar una buena impresión de tu país y de tu imagen.
Británicos. No hablan otros idiomas que no sea el suyo, no suelen disfrutar con las comidas y bebidas locales, son propensos a beber demasiado alcohol, al desorden, al destrozo de las habitaciones y siempre se quejan de los hoteles. También lideran la clasificación de los peor vestidos y de los que menos propinas dejan.
Franceses. Arrogantes, tacaños, mal educados, ruidosos y algo sucios. Tampoco se esfuerzan por hablar otro idioma que no sea el suyo.
La justificación que ofrecen extranjeros y franceses es que, teniendo Francia y todos sus encantos, para qué necesitan salir fuera. Eso sí, según Jetcost, se interesan por la cultura y la gastronomía.
Rusos. Mala conducta, falta de modales y de gusto para vestir, poco generosos con las propinas, maleducados en los bufés de los hoteles (llegan a arrasar con toda la comida, eructan en las mesas...); sin embargo, lo que más destaca de ellos de forma negativa es lo alto que hablan en los sitios públicos como bares, restaurantes o piscinas. En su parte positiva: suelen gastar bastante dinero en sus destinos de vacaciones y se interesan por la cultura y la salud. Lo que más hacen en España, además de ir a la playa, es visitar museos, acudir a spas o ir de compras.
Chinos. Tienen mal comportamiento (un letrero en las cercanías del Louvre de París recuerda solo en mandarín que está prohibido defecar en las instalaciones), escupen en cualquier lugar, suelen saltarse las colas y tienen poco conocimiento de las costumbres de otros países. La parte buena es que son los que más gastan en los viajes: las compras son el objetivo principal de un viaje para el 82 por ciento de los turistas chinos.
Estadounidenses. Ellos mismos se consideran los peores turistas del mundo, aunque no lo sean en la clasificación elaborada por Jetcost. Son pedantes, irrespetuosos, bullangueros y mal vestidos. Se interesan poco por las comidas locales (suelen comer en cadenas americanas de restaurantes) y tampoco son muy propensos a las visitas culturales. Además, confiesan abiertamente llevarse cosas de los hoteles. Lo mejor de ellos es que son los más generosos a la hora de dar propinas, seguramente porque en su país es casi obligatorio.
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